Hace unos años, me invitaron a disertar en un foro en Honduras sobre mi experiencia en proyectos de cooperación internacional en América Latina, específicamente a partir de mi trabajo con gobiernos locales. Esta actividad, de manera inesperada, se convirtió en una oportunidad reveladora sobre la facilitación como una herramienta poderosa para resolver conflictos en entornos desafiantes y transformarlos en oportunidades para la participación activa.
La agenda de actividades en Honduras se desarrolló en San Pedro Sula, La Ceiba y Puerto Cortés. En esta última ciudad, debido a circunstancias imprevistas durante el trayecto, nuestro arribo junto con los organizadores se retrasó alrededor de dos horas.
Nos esperaban aproximadamente 80 personas participantes del taller y de la actividad que organizamos junto a los organizadores locales, quienes reconocieron la importancia crucial de la facilitación en la promoción de la colaboración y el fortalecimiento de la participación.
Convocado por una organización local hondureña, me enfrenté a contratiempos inesperados que desafiaron tanto el propósito como la atmósfera de la conferencia en Puerto Cortés. A pesar del retraso de casi una hora y media, al llegar al lugar me encontré con una audiencia de alrededor de 80 personas, en su mayoría jóvenes de la comunidad garífuna de Puerto Colón, quienes demostraron un interés genuino en la actividad.
Sin embargo, el ambiente estaba tenso, y se percibían gestos de desaprobación hacia los organizadores locales. Fue en ese contexto donde la facilitación se erigió como una luz de esperanza. El responsable del proyecto buscó orientación sobre cómo abordar la situación, optando por reconstruir la confianza y fomentar la colaboración en el grupo.
El cambio de enfoque fue notable: la estructura tradicional de conferencia fue reemplazada por círculos de discusión y grupos de trabajo, lo que promovió la interacción y participación activa de todos los asistentes. Cada voz fue escuchada, cada opinión valorada, creando un espacio de respeto y colaboración donde las críticas se convirtieron en oportunidades de crecimiento.
El acto de humildad y empatía al disculparnos por el retraso estableció las bases para una colaboración constructiva. Durante el taller de seis horas, las críticas, sugerencias y propuestas fueron recibidas con apertura y gratitud, generando una energía positiva que transformó el seminario en una experiencia productiva para la preparación de proyectos juveniles en Puerto Cortés, desde la perspectiva de la comunidad garífuna.
Este episodio subraya la importancia de la facilitación en la resolución de conflictos y la promoción de la participación en entornos diversos y desafiantes. En un mundo cada vez más interconectado y diverso, la facilitación emerge como un recurso invaluable para promover el cambio positivo y sostenible mediante el diálogo y la acción colectiva.