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El Diálogo como Trinchera

En tiempos donde el ruido reemplaza a la palabra y la grita eclipsa al entendimiento, hablar de diálogo puede parecer ingenuo, incluso inútil. Sin embargo, en un mundo que avanza peligrosamente hacia la radicalización ideológica, especialmente con el ascenso de discursos de ultraderecha, facilitar el encuentro entre diferencias no es un lujo: es un acto de resistencia democrática.

La tormenta de la polarización

La crisis de representatividad, la precarización de la vida, el miedo al cambio y la sobreexposición digital han generado un caldo de cultivo perfecto para que florezcan discursos autoritarios, xenófobos, misóginos y negacionistas. La política se ha transformado en un campo de batalla simbólico donde el “otro” es visto como un enemigo a destruir.

En este escenario, el pensamiento complejo pierde terreno ante las soluciones simples y los eslóganes vacíos. El terreno político se vuelve binario: buenos contra malos, pueblo contra élites, orden contra caos. Y cuando eso ocurre, la posibilidad de diálogo se convierte en una trinchera frágil pero imprescindible.

¿Qué es facilitar en este contexto?

La facilitación no es simplemente “coordinar una reunión”. Es el arte de crear condiciones para el diálogo, la escucha activa y la construcción colectiva, incluso (y sobre todo) entre quienes piensan distinto. Implica sostener el conflicto sin permitir que se destruya el vínculo. Implica diseñar procesos que no nieguen las diferencias, sino que las transformen en oportunidades de comprensión y avance.

Frente a la lógica del “ellos o nosotros”, el facilitador sostiene el “nosotros con conflicto”, el espacio común donde se puede disentir sin excluir, y proponer sin imponer.

¿Por qué es urgente facilitar?

1. Porque el odio se organiza

Las ideologías de ultraderecha no surgen de la nada: se alimentan de frustraciones reales, y saben organizarlas políticamente. Frente a eso, no basta con indignarse o desmentir fake news. Hay que reconstruir tejido social y político, y eso se hace escuchando, dialogando, incluyendo.

2. Porque el vacío lo llena el extremismo

Donde el Estado, los partidos o los movimientos progresistas no llegan con propuestas participativas, el extremismo avanza con promesas autoritarias. La facilitación activa la participación y el protagonismo ciudadano, ocupando ese espacio antes que lo haga el odio.

3. Porque la democracia se construye todos los días

La democracia no se defiende solo en las urnas. Se defiende en las asambleas, en los espacios comunitarios, en los debates públicos, en los encuentros vecinales. Facilitar estos espacios es sostener una práctica democrática viva, horizontal y resistente al discurso de exclusión.

El diálogo no es neutral: es político

Es importante reconocer que facilitar el diálogo en contextos de polarización es un acto político. No se trata de ser “equidistante” entre el respeto y el odio, ni de mediar entre el negacionismo y los derechos humanos. Se trata de crear espacios seguros donde todas las voces puedan expresarse, excepto aquellas que buscan silenciar a las demás.

Por eso, la facilitación democrática tiene una ética clara: no todo se puede relativizar, y no todo merece el mismo lugar en la conversación pública.

Conclusión: dialogar es resistir

Frente a la tentación autoritaria, el diálogo es una forma de lucha. No con armas ni insultos, sino con metodologías, escucha, cuidado y participación. En un mundo que grita, sostener la palabra es un acto de rebeldía democrática.

La facilitación política no es solo una técnica: es una herramienta de defensa activa frente a la radicalización. En la trinchera del diálogo, se juega hoy una parte esencial del futuro democrático del mundo.